13 de septiembre de 2026 · Tiempo ordinario · Ciclo A
Perdonar desde la misericordia recibida
Lecturas: Eclesiástico 27,30–28,7 · Salmo 102 (103) · Romanos 14,7-9 · Mateo 18,21-35
1. Contexto bíblico: una comunidad que necesita reconciliarse
Mateo 18 no reúne consejos para una espiritualidad aislada. Habla de la vida de los discípulos: el cuidado de los pequeños, la búsqueda del extraviado, la corrección fraterna y la oración común. La pregunta de Pedro sobre cuántas veces perdonar nace dentro de ese horizonte. Allí donde existen relaciones reales, también aparecen heridas reales. Jesús no propone una comunidad sin conflictos; enseña cómo impedir que el conflicto destruya la fraternidad. El perdón pertenece, por tanto, a la constitución misma de la Iglesia y no es un suplemento reservado a quienes tienen un temperamento indulgente.
La respuesta que multiplica el siete desarma la pretensión de fijar un límite después del cual el hermano perdería definitivamente su derecho a ser considerado hermano. No es una operación aritmética. Es una transformación de la mirada: el discípulo no puede convertir su relación con los demás en una contabilidad de ofensas. Pero tampoco puede reducir la reconciliación a una palabra pronunciada sin verdad. Todo el capítulo exige responsabilidad, cuidado y conversión; ese contexto impide confundir la misericordia con la indiferencia ante el daño.
2. Estructura del relato: recibir, olvidar y negar
La parábola avanza en tres movimientos. Primero, un siervo recibe una condonación que excede radicalmente sus posibilidades de pago. Después, ese mismo siervo exige a un compañero una deuda incomparablemente menor. Finalmente, su comportamiento queda expuesto ante el señor. La desproporción entre las deudas no busca minimizar el dolor humano: revela que nadie puede comprenderse como dueño absoluto de una inocencia que le permita negar misericordia a todos los demás. Antes de cualquier mérito, la vida del creyente está sostenida por un don.
El centro teológico no es que debamos perdonar para comprar el perdón de Dios. La gracia precede a la respuesta. El señor ya había perdonado cuando el siervo salió a encontrarse con su compañero. Su tragedia consiste en recibir una libertad que no deja transformar sus relaciones. Quiere conservar para sí los beneficios de la misericordia y seguir aplicando a los otros el régimen de la deuda. La dureza del desenlace denuncia esa contradicción. Las imágenes judiciales del relato expresan la seriedad de rechazar la gracia; no son una autorización para que la comunidad torture, humille o se vengue.
3. Enseñanza teológica: el perdón es memoria de la gracia
El Eclesiástico vincula la oración con la renuncia al rencor. No porque Dios sea un negociador que intercambia favores, sino porque resulta contradictorio pedir sanación mientras se alimenta deliberadamente la destrucción del otro. El salmo recuerda la compasión divina: la identidad del pueblo se sostiene en el recuerdo de lo que Dios ha hecho por él. Perdonar exige esa memoria. Cuando solo recordamos la ofensa, el pasado ocupa todo el espacio; cuando recordamos también la gracia, aparece una posibilidad de futuro que la herida, por sí sola, no podía producir.
Romanos sitúa la existencia entera bajo el señorío del Crucificado y Resucitado. No nos pertenecemos de una manera cerrada e individualista. Esta pertenencia a Cristo relativiza la pretensión de disponer del hermano como si su destino dependiera únicamente de nuestro juicio. El perdón cristiano no declara bueno lo malo: afirma que el mal no tiene la última palabra sobre la persona. La conversión, la reparación y la justicia siguen siendo necesarias, precisamente porque la persona vale más que el daño que ha cometido o sufrido.
4. Perdonar no significa tolerar el abuso
Conviene distinguir el perdón, la reconciliación y la recuperación de la confianza. El perdón puede comenzar como un camino interior de renuncia a la venganza; la reconciliación requiere verdad y participación de las personas implicadas; la confianza necesita cambios verificables y tiempo. Una víctima no está obligada a exponerse de nuevo al agresor. Buscar protección, acudir a las autoridades y exigir reparación no contradice el Evangelio. Tampoco se debe exigir una reconciliación inmediata como prueba de fe: el proceso puede necesitar acompañamiento psicológico, pastoral y jurídico.
El mandato de perdonar se vuelve una deformación cuando quien tiene poder lo utiliza para silenciar a quien fue herido. La misericordia de Jesús protege a los pequeños y confronta a los responsables. Una comunidad reconciliada no es la que oculta sus conflictos, sino la que aprende a tratarlos sin convertir a nadie en objeto de desprecio y sin sacrificar la seguridad de los vulnerables.
5. Una lectura vicentina: servir sin encerrar a nadie en su pasado
En el servicio a los pobres, esta Palabra pide abandonar los juicios que reducen una vida a su fracaso. Escuchar a una persona supone reconocer su historia sin convertirla en una sentencia definitiva. También nuestras comunidades necesitan una caridad capaz de corregir y de comenzar de nuevo. La fraternidad se empobrece cuando el error de un cohermano se convierte en una etiqueta permanente. La misericordia se hace concreta cuando acompañamos procesos de cambio, reparamos daños y evitamos la murmuración que prolonga la ofensa.
El gesto de esta semana puede ser sencillo y exigente: revisar una palabra que repetimos contra alguien, iniciar una conversación honesta cuando sea seguro hacerlo, o buscar ayuda para una herida que no podemos elaborar solos. No se trata de fingir afectos. Se trata de dejar que la gracia recibida abra un camino que la pura reciprocidad nunca abriría.
Para la oración y el discernimiento
¿Qué deuda ajena mantengo siempre presente mientras olvido la misericordia recibida? ¿Estoy confundiendo perdón con silencio o confianza automática? ¿Qué paso de verdad, protección o reparación necesita hoy mi comunidad?
Señor Jesús, enséñanos a perdonar sin negar la verdad. Protege a quienes han sido heridos, convierte a quienes causan daño y libra a nuestras comunidades de la venganza. Que tu misericordia haga posible un futuro nuevo. Amén.
Referencias para profundizar
Compendio del Catecismo, n. 595: el perdón de las ofensas
Imagen destacada: ilustración artística generada con inteligencia artificial para acompañar la reflexión; no es una fotografía histórica.

