Reflexión II Domingo de Pascua

Del Evangelio de Juan 20, 19-31.

Hemos atravesado un tiempo benigno de preparación durante todo el tiempo de cuaresma, para llegar con gozo y alegría a la vivencia de la cincuentena pascual, dentro de ella encontramos este domingo tan especial en donde el evangelio, una vez más toca nuestra carne humana y continúa haciendo de nosotros caminantes fieles de esperanza en busca de la redención.


Jesús trae la paz a los discípulos, les muestra las manos y el costado, los frutos de su entrega, la paz que Él les anuncia es el resultado de su pasión, los llena de alegría. No les reprocha su actitud sino llega ofreciendo paz, “La paz este con ustedes” pero no es una paz que es ausencia de guerra, por el contrario, es esa paz que es “Shalom” es equilibrio, amor, bienestar, misericordia.

En primer lugar, pasamos del miedo a la misión, el encierro no es solo físico sino también interior y es la presencia de Cristo la que rompe ese miedo y transforma a los discípulos en misioneros, en enviados. “Como el padre me envió, así también los envíos yo”. La pascua no puede verse como un simple consuelo intimista, la resurrección de Jesús es un impulso misionero, pues sopla sobre ellos y les infunde el Espíritu, evocando en nosotros la creación según (Gen 2,7). Podríamos entonces hablar de una nueva creación, porque el que deja que Jesús entre en su corazón se vuelve una nueva creatura, ha sido recreado por la fuerza del Espíritu. es entonces la comunidad que nace del Espíritu y recibe así el poder de reconciliar, vemos que se presenta a la Iglesia como espacio de perdón y de vida nueva.

Luego nos encontramos con Tomas apodado el mellizo y aunque menospreciado en muchas de nuestras reflexiones, este no representa más que al creyente que busca razones, ese que necesita ver y tocar, Jesús no lo rechaza, por el contrario, una vez mas sale a su encuentro,  tal vez Tomas necesitaba más tiempo para confesar como los otros, “Señor mío y Dios mío”, la fe cristiana, nuestra fe, no niega la duda sino que la traspasa, por ello escuchamos también la bienaventuranza de la fe, “Dichosos los que creen sin haber visto”, esta palabra alcanza directamente a las nuevas generaciones, la fe nace en el testimonio apostólico posteriormente y se sostiene nada más y nada menos que en la confianza.

Hoy el evangelio no habla a particulares solamente, por el contrario, habla a nuestras comunidades cualquiera que sea, que a veces parecen encerradas por el miedo o por el que dirán, Cristo resucitado vence el miedo, vence la desesperanza y sigue atravesando nuestras puertas cerradas para regalarnos su paz, para regalarnos su amor, la invitación es muy clara en esta pascua, que no puede ser igual que las anteriores, debemos abrirnos personal y comunitariamente a Cristo resucitado.