Reflexión IV Domingo de Pascua
“Yo soy la puerta de las ovejas”
El cuarto domingo de pascua fue propuesto litúrgicamente como el Domingo del Buen Pastor, para recordar que hay un único Pastor Supremo del que dependen todos los demás pastores y que es Él realmente quien se interesa por las ovejas aún a pesar de tener que entregar su vida, de allí que el salmo 23 lo manifieste “Yahvé es mi pastor, nada me falta, en verdes prados me hace recostar”, al aludir a la plenitud de vida que Pastor quiere para el rebaño.
El evangelio de Juan, en el capítulo 10, bellamente se recobra la figura del pastor tan conocida ya atribuida en el Antiguo Testamento a Yahvé. Sin duda que para el pueblo judío y la Palestina el pastoreo no era una cosa desconocida, sino más bien, una realidad que en la cotidianidad de las familias se encontraba como tareas propias de la época. Se entrelazan aquí la figura del pastor, las tareas cotidianes y el mensaje de salvación que quiere llegar a todos.
Revisemos algunos elementos que nos pueden ayudar para la reflexión de este cuarto domingo de pascua: primero, el pastor, es la puerta de entrada de los demás pastores, es decir es el modelo de pastor para todos, por medio suyo el pastor entra en el redil, si nos es así se podría visualizar la presencia de falsos pastores, en resumidas cuentas “el que entra por la puerta es pastor de las ovejas” (Jn 10, 2), pues, nadie que no se haya encontrado con el eterno Pastor puede ser buen pastor. La medida del Pastor es Jesús mismo. Es importante recobrar la sensatez en estos tiempos en los que afluyen falsos pastores que terminan siendo “ladrones y bandidos” (Jn 10, 1b), porque buscan sus propios beneficios aún acosta de la vida de las ovejas.
En un segundo momento, el reconocimiento del buen pastor parte de escuchar su voz, “las ovejas lo siguen, porque conocen su voz” (Jn 10,5), la relacionalidad del pastor con las ovejas es de intimidad, brota de la experiencia profunda de cercanía y conocimiento, de allí que este las llama por su nombre. Esta perspectiva del evangelio hace pensar en la necesidad que tenemos las comunidades cristianas de saber discernir las diferentes voces de “pastores” que hay en el mundo, unos buenos y otros malos, unos que quieren la vida y otros que buscan la dispersión y la muerte. En este mismo sentido se podría decir que solamente el buen Pastor tiene palabras de vida eterna (Cf. Jn 6,68) y que de la atenta escucha brota un camino discipular de seguimiento al que va delante conduciéndonos.
El tercer elemento que se propone para la reflexión tiene que ver con la promesa final de esta perícopa, “yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10b), aquí situamos la victoria del crucificado-resucitado que, venciendo la muerte, ofreciéndose por el rebaño hasta entregar su vida, alza su voz de victoria para recordar al rebaño que la muerte ya no tiene poder, que esta ha sido vencida y que solo en Él se encuentra la plenitud de la vida. El proyecto de un solo rebaño, la guía de un solo pastor recobra sentido y esta vinculado al querer del Padre que desea que “todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21), es decir, que, congregados en la unidad de la voz del Pastor, caminamos juntos en l edificación de su redil.
Apreciados lectores, el buen Pastor, Jesucristo, es la voz del Padre que quiere resonar en la profundidad de nuestros corazones para revelarnos el misterio insondable del amor que, llevado al extremo, entregó su vida en rescate por todos, quiere que todos como rebaño-Iglesia conozcamos la Verdad que es él mismo, escuchemos su voz con el propósito de conocerlo y le sigamos a donde él vaya, pues, al ser Puerta y Pastor nos hará pregustar la vida eterna que solamente en él encontraremos.
Pidamos al buen Dios que también nosotros seamos puerta para que otros conozcan a Cristo; para que otros puedan entrar y contemplar su misericordia; pero a la vez supliquémosle que en la realidad de nuestras familias y comunidades aprendamos a ejemplo del buen Pastor a buscar la salvación de los otros y a crear verdaderos lazos de fraternidad que nos blinden de los falsos pastores.
P. Jhon Alexander Páez Castillo, CM
