Reflexión V Domingo de Cuaresma

Domingo 22 de Marzo de 2026

Hemos llegado al Quinto domingo de cuaresma, y estamos próximos a vivir, como cristianos, los misterios del Señor, su pasión, muerte y resurrección; y en esta preparación, ha acompañado nuestro caminar unas prácticas que nos ayudan a querer vivir de manera coherente nuestra fe; el ayuno, la penitencia y la oración. Y lo hacemos con el objetivo de ser resucitados con cristo y buscando siempre los bines del cielo.

Para continuar este ejercicio cuaresmal, que nos introduce a las enseñanzas de cristo, nos dejamos también instruir por la sagrada escritura, la cual ilumina nuestra vida.

Sin embargo, antes de ahondar en el misterio de la Sagrada Escritura, vale la pena hacer alusión a dos palabras, las cuales, en toda nuestra historia de vida, han estado presentes de manera explícita e implícita, consciente o inconscientemente, estas son: signo y símbolo; dos vocablos, presentes en nuestro lenguaje; por ello, pensemos un momento, nuevamente en ¿Qué quieren decir? O ¿Qué significan?

Recordemos:

signo es un elemento material que representa otra cosa por naturaleza o convención; ejemplo: cuando vemos humo, es un signo que nos permite entender que hay presencia de fuego.

En cuanto al símbolo: es una representación convencional, a menudo gráfica y abstracta, de un concepto complejo o intelectual; ejemplo: La luz, para nosotros los cristianos simboliza, la verdad de Dios, que ilumina a todos los pueblos.

Evocamos estas dos palabras con el fin de comprender que la sagrada escritura está llena de signos y símbolos, los cuales nos ayudan a entender el misterio de Dios; podríamos decir que, es la pedagogía de Dios, para darse a conocer a los seres humanos, y no solo para revelarse, sino para que comprendamos Cuál es su propósito.

La primera lectura tomada del profeta Ezequiel 37, 12 – 14; en la que se emplean varios signos y símbolos, hace parte de una unidad, en la que se deben integrar, para comprender el texto, los primeros versículos, los cuales hacen alusión a la profecía de los huesos Secos, que hablan de la restauración mesiánica de Israel, después de los sufrimientos del destierro. 

Dios por medio del profeta dice al pueblo “los haré salir de sus sepulcros”; con la promesa de infundir su espíritu, para concederles vida.

De allí que, en la antífona del salmo, “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”, se rememore el poder de Dios sobre el pueblo, con actos compasivos y sobre todo con una salvación inagotable.

En este mismo sentido, de la restauración del pueblo de Israel; pero, en la persona de Cristo, Pablo, en su carta a la comunidad de Roma, les recuerda que los bautizados, han recibido una nueva vida, por el Espíritu Santo, que se les ha dado; por consiguiente, la invitación para sus lectores y oyentes, es decir, todos los cristianos, es a vivir según ese espíritu, sin dejarse seducir por el pecado, sino agradando a Dios.

Pero lo más importante de este mensaje, con sus signos y símbolos, lo encontramos en el evangelio según San Juan; el cual nos permite ver a Jesús, Dios hecho hombre, desde tres perspectiva: primero, cómo el Señor de la vida, es quien trae de regreso a Lázaro, además en los versículos anteriores afirma: “Yo Soy la resurrección y la vida”; segundo, Dios humano, quien se compadece de la realidad de los hombres, que al llorar a su amigo, permite comprender, que aunque sabía que iba a resucitarlo, no se muestra distante ante la muerte y el sufrimiento, y tercero, que el tiempo de Dios, no es igual al del ser humano, pues se hace esperar cuatro días más; posteriormente al llegar, pide que se tenga confianza en Dios, hasta el punto de hacer salir los hueso secos de las tumbas; restaurándolos y concediéndoles una nueva vida.

Que el espíritu de Dios nos siga infundiendo de conocer el mensaje de Salvación.

P. Diego Mauricio Rodríguez, CM