Reflexión del Domingo XIX del Tiempo Ordinario
Las lecturas de hoy se refieren a una triple manifestación de Dios: en la naturaleza (I, III), el pueblo israelita (II) y la Iglesia (III).
- La manifestación de Dios en «el susurro de una brisa suave» (1Re 19, 9a.11-13a) y «el amainar del viento (Mt 14, 22-33)
1.1. Las dos lecturas se refieren a elementos, lugares y fenómenos naturales: el monte, la cueva, la noche, un huracán violento, un terremoto, el fuego; la tierra, el viento, el mar, el agua, para:
a) Establecer un contraste entre lo espectacular de las fuerzas cósmicas que no necesariamente manifiestan a Dios y la sencillez de la brisa y de la calma, donde se percibe no solo su cercanía sino también su poder;
b) Establecer la paradoja de la grandeza de Dios que cabe en la pequeñez del silencio y la soledad, lo ordinario, el sosiego, el reposo, la tranquilidad.
1.2. El primer caso es una teofanía en la que:
a) Dios consuela y fortalece al profeta, refugiado de las persecuciones en el monte Horeb; el mismo lugar donde Dios se había manifestado de modo impresionante a Moisés (Ex 3, 1-6) y de modo estrepitoso al pueblo con la entrega de la Ley (Ex, 19, 1-20, 21).
b) Se cierra un diálogo nocturno con la Palabra en una proximidad confirmativa de la fe confiada del profeta : «Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie».
1.3. El segundo caso es una cristofanía, que:
a) Se introduce con el alejamiento de Jesús de los discípulos y de la gente, para «subir al monte a solas a orar; llegada la noche estaba allí solo», en una experiencia de intimidad con el Padre;
b) Se cierra con su presencia calmante en la barca, en una cercanía también confirmativa de la fe confiada de los discípulos: «Se postraron y lo reconocieron».
2. La manifestación de Dios al pueblo israelita (Rm 9, 1-5), expresa otra paradoja: el rechazo de la presencia mesiánica de Dios precisamente en el pueblo al que se la había prometido. El contraste produce en Pablo «una gran tristeza y un dolor incesante», por ser él mismo parte del pueblo elegido y predicador de la buena nueva de la cercanía de Dios «en Cristo». Tanto que quisiera ser rechazado por Él y un «proscrito» de la comunidad, si esto contribuyera a que ellos fueran depositarios de «las promesas».
3. La manifestación de Dios en la Iglesia (Mt)
3.1. La figura de la «barca», corroborada en:
a) El apremio de Jesús a que la integraran, «subiendo a la barca y adelantándose a la otra orilla»;
b) Su presencia en ‘el mar de la historia’, sometida a las fuerzas del mal: «sacudida por las olas»;
c) El alejamiento de Pedro, pionero de la fe apostólica, que «bajó de la barca», para «acercarse a Jesús»;
d) La calma que le da la presencia de Jesús y del primer apóstol: «en cuanto subieron amainó el viento»;
e) El lugar del culto y de la fe coloquial: «Los de la barca se postraron ante Él diciendo, realmente eres Hijo de Dios».
3.2. Garantía de la presencia de Dios en Cristo y en la Iglesia, por medio de:
a) La sintonía del Hijo con el Padre: la subida inicial al monte para orar;
b) La sintonía del Hijo con la Iglesia: «A la cuarta vigilia de la noche, la madrugada, se les acercó Jesús andando sobre las olas», es decir, dominando al mal;
c) El acompañamiento del proceso de fe: de la confusión con «un fantasma», al miedo y la duda de Pedro, hasta el reconocimiento final de su divinidad.Sobre la experiencia de Dios en el silencio y lo ordinario dijo el Papa Francisco:
a) «El silencio mueve al arrepentimiento y al deseo de conversión, suscita la escucha de la Palabra y la oración, dispone a la adoración, sugiere a cada uno, en la intimidad de la comunión, lo que el Espíritu quiere; en él nos da forma el Espíritu» (DD 52).
b) La santidad consiste en «vivir lo ordinario de manera extraordinaria», «en las ocupaciones de cada día», «con pequeños gestos», «en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión» (GE 17-26).
P. Gabriel Naranjo Salazar CM ,
Misionero Vicentino
