Reflexión Solemnidad del Corpus Christi
Domingo 7 de Junio de 2026
En este día celebramos la solemnidad del cuerpo y la sangre de Cristo, solemnidad que ha tenido un gran impacto en la religiosidad popular; en el que la Iglesia se hace participe de esta festividad al afirmar la presencia real de Jesucristo.
En la lectura tomada del Deuteronomio nos narra que, en el camino del desierto, Dios alimenta a su pueblo Israel para favorecer la vida, dándole a su pueblo la libertad de hacer camino con Dios. Esta lectura invita a su pueblo a hacer memoria y traer a su presente a Dios, para que se evidencie la presencia amorosa del Señor.
En la segunda lectura, el autor sagrado nos expresa como se deben desaparecer algunas divisiones que se presentan en la comunidad de Corinto; invita incesantemente a este grupo de fieles a participar del cuerpo y la sangre de Cristo, para que permanezcan en comunión de hermanos y sacramental.
El texto evangélico proclamado para este día, es presentado como una catequesis; partiendo de una elaboración teológica que permite acercarnos brevemente al alimento proporcionado por Dios para su pueblo.
Se utiliza un lenguaje fuerte para insistir en la necesidad de alimentar la comunión con Jesucristo; generando en cada uno de nosotros el fortalecimiento de la vida de Jesús, según el evangelista se debe comer la carne. “El que me come a mí vivirá por mí”
Consideremos así el primer momento notable de la liturgia de la Palabra, nosotros hemos de tener Hambre de Dios, hambre de la Eucaristía, para que nuestra vida esté llena de presencia del Señor, que quiso quedarse con nosotros en este sacramento; demostrándonos a nosotros de manera visible que el amor del creador no se ha ido, se a quedado; permitiendo que en cada celebración eucarística se nos dé el amor, haciendo de la comunidad una sola familia, donde nadie sea extraño.
En un segundo momento se nos invita a considerar los Signos de Dios en nuestras vidas, si el mismo Señor fue generoso para con su pueblo, liberándolo y guiándolo a la tierra prometida; cuantas más cosas nos otorgara hoy a nosotros. “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”
Hemos de agradecer la corporalidad del Señor, narrada en los evangelios; como signo de amor de Dios por todos nosotros; de tal manera que la comunidad de seguidores del Dios de Jesús agradezcamos por nuestra corporalidad para que seamos presencia de Dios y bendición para otros. “Este es mi cuerpo, que se entrega por ustedes”
Que María nuestra madre, nos acompañe a todos y nos alcance las bondades que Dios necesitamos.
P. Yeison Torres CM
