Reflexión del IV Domingo de Cuaresma

Domingo 15 de Marzo de 2026

San Juan 9,1-41

Las lecturas de este domingo cuarto de cuaresma nos ayudan a la “mirada”, ¿cómo miramos?, de ante mano la respuesta, sin negarlo, es que no miramos como mira Dios. Nos quedamos en lo que impresiona, lo que ya nos marca por cultura, por historia personas, por nuestra forma de ser, por nuestra espiritualidad; claro sin mala intención, es lo que tenemos, pero terminamos reducción todo a una historia mal contada, a un rumor, a una formalidad.

En la primera lectura el profeta Samuel tiene una mirada de discernimiento, no se deja deslumbrar por el brillo, no se fija en “apariencias” más bien escucha al Señor.  San Pablo en la segunda lectura presenta su mirada antes que en el hacer en el ser: “son luz por el Señor”. En el evangelio Jesús no mira que pasó, sino quién es.

Este evangelio del día de hoy es, de la obra jónica, uno de los más densos. Nos presenta tanta riqueza con los signos, los diálogos, polémica con los judíos, con las acciones de Jesús que va desbaratando concepto que se tenían sobre Dios, sobre los acontecimientos, sobre la misma vida, la enfermedad, el pecado, la muerte. Un ciego de nacimiento en la mentalidad judía tenía ya una culpabilidad o por él o hereditaria.

Los elementos que tenemos en este evangelio: saliva, tierra, sábado, un envío y además la calma de Jesús no dejan ver como Él domina la situación para dar “luz, vida, vista” al ciego y que se vea como luz del mundo.

Los discípulos hablan del ciego como si no estuviera presente preguntado por una culpabilidad que esperaban que Jesús les respondiera, Jesús en cambio toma en serio al ciego, él tiene la iniciativa de curarlo y como Él mimos lo dice: “para que se manifiesten en él las obras de Dios”, el ciego ni siquiera abrió la boca.

Con todo esto el ciego cree en Jesús, le hace caso y se lava el barro en la piscina de Si loé, la piscina del “enviado”, el hombre es sanado cumpliendo lo que Jesús le dijo, era ciego no sordo, comprendió que tenía que hacer, acepto y se curó. Su regreso no queda sin ser un acontecimiento. Para el “Exciego” también es diferente, ya tiene identidad tanto que dice “yo soy”, da testimonio de lo que sucedió, ya sabe que ahora ya no depende de los demás, pude tomar las riendas de su vida sin depender porque ya ve. El que no era tenido en cuenta en un principio está dando testimonio de la obra de Jesús en él.

Hay tanto simbolismo en este texto de hoy que podríamos reconocernos con algunos de los personajes, no solo con el ciego. Podemos examinar nuestra mirada en este tiempo de cuaresma y sentir como Jesús actúa en nosotros librándonos de las cargueras que cargamos por año y acomodados a ellas no cambiamos por miedos, por prejuicios, porque así “nos ha funcionado” y no damos paso a la Luz verdadera que nos abre ala Gracia y nos “envía” a dar testimonio con la misma fuerza del espíritu que ya desde el bautismo hemos recibido.

Vemos las falsas seguridades que el mundo nos presenta, que nos hacemos y guardamos con tanto empeño y miedo a dejarlas. Tal vez por el temor que nos da el abondo del todo al Señor, aun sabiendo que con él siempre estaremos mejor, que la ceguera se nos vas, que nos da la valentía, la audacia, el valor y la esperanza.

En el día de hoy dediquemos un tiempo para pensar como es nuestra mirada, ¿sólo apariencias? ¿O miramos el ser, el hacer? Procuremos el espacio personal de sentir que Jesús nos sana, nos da la Luz Verdadera sin que se lo pidamos, que podamos escucharlo y cumplir su envío, que tengamos la confianza en el Señor de emprender nuestro camino a la piscina de Si loé, lavarnos y ser luz como Jesús es luz.

P. Héctor Fabio Soto López, CM