Reflexión II Domingo de Cuaresma – La Transfiguración
Domingo 01 de Marzo de 2026
¿Quieren mostrar a Dios?:
“No tengan miedo de vivir escuchándome a Mí”
(Mt 17,1-9)
Una nueva cuaresma llega a nuestra vida como un regalo. Seguimos avanzando en este itinerario espiritual como preparación a la Pascua 2026. Deseo que todos los que se acercan a este espacio de reflexión, estén teniendo como propósito reafirmar lo siguiente: “yo quiero vivir esta cuaresma con Jesucristo, porque quiero tener experiencia de Dios…”
Hoy, la liturgia de la palabra, nos ayuda a entrar en la segunda etapa del camino cuaresmal: La primera, estuvo marcada por las tentaciones de Jesús en el desierto, y aprendimos que no hay mejor “antídoto” para permanecer en el camino de Dios y del servicio al prójimo, que dejarnos impactar por su Palabra; la segunda, el conocido “domingo de la Transfiguración”, nos pone de frente a una inquietud: ¿Qué nos ofrece Dios y nos lo estamos perdiendo? ¿Qué es lo que Jesús tiene para darnos y todavía no lo vemos con claridad? En síntesis, este domingo nos enseña que la vida es un camino de fe y se realiza confiando en las promesas de Dios (Gn 12, 1-4a); se sostiene en la gracia de Cristo (2, Tim 1, 8b-10), y su sentido pleno se consolida siguiendo y escuchando al Hijo amado (Mt 17, 1-9).
Debo decir, que, de acuerdo con los escrituristas, no es posible “reconstruir con certeza” la experiencia que dio origen a este prodigioso relato de “la Transfiguración de Jesús”, lo cierto es que los evangelistas le han dado gran valor, dado que deja entrever, cuál es la verdadera identidad de Jesús. Por lo tanto, no estamos ante una crónica histórica, sino ante una “narración, un relato simbólico” que nos permite afirmar que Jesús, es el Señor, y que en él coexisten lo divino y lo humano. Sugiero a quienes deseen saborear mejor lo que van a encontrar aquí, a acercase a los capítulos 15 y 16 del evangelista san Mateo, toda vez que lo que hoy leemos, es el resultado de un proceso que empezó por ahí. Yo por mi parte, realizando un acercamiento en clave discipular y existencial al texto, los animo a lo siguiente:
1. Desear ser de los íntimos, de “los socios” de Jesús. Dice el evangelista que Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los llevó aparte a un monte elevado. Este camino cuaresmal debe servir para despertar en nosotros, cristianos versión 2026, el anhelo de ser de los elegidos por Jesús, de aquellos que se comprometen con los intereses de Dios, con la defensa de sus derechos en medio de este mundo, sin calcular las consecuencias. Hoy la Iglesia necesita bautizados que tengan hambre de ser “llevados aparte” para disfrutar de las enseñanzas del Maestro, de “los momentos estelares”, de la manifestación de su divinidad, en los que su enseñanza revela lo que hay en el corazón del Padre para todos sus hijos. El Padre, quiere que pongamos nuestro corazón en su Hijo, nuestra mirada en Él y que estemos “atentos” a su palabra, a su enseñanza a su transformación. Este ascenso a un monte alto, a la “experiencia del Tabor”, nos recuerda que no ser discípulos del “montón”, de los que se “camuflan”, siempre hace la diferencia en la Iglesia y en el mundo: ¡qué bueno estar con Él! No obstante, no estemos hoy viviendo de “los pedacitos de cielo” que disfrutaron otros con Jesús, de las añoranzas y nostalgias del pasado de otros seguidores. Los santos y beatos de la Familia Vicentina y de todos los tiempos, nos recuerdan, que todos estamos llamados y en la posibilidad de ser buenos amigos de Jesús. Cuaresma 2026, tiempo para desear ser “llevados aparte” por el Señor.
2. Recordar que ser seguidor de Cristo tiene implicaciones. El relato de la Transfiguración en san Mateo tiene como contexto previo la confesión de Pedro y el primer anuncio de la Pasión realizada por Jesús, y es al mismo tiempo, una anticipación de su propia Pascua y de la nuestra. Confesar a Jesús requiere valentía y radicalidad en la decisión de seguirlo, especialmente cuando lo que nos proponga en medio del camino nos desconcierte y destruya todas nuestras expectativas. Jesús les había hablado de su muerte en cruz y las condiciones que para seguirle: «El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.» (Mt 16,24). ¿Quién dijo que esto era fácil? ¿Cuántas veces la vida se nos ha hecho cuesta arriba? Nosotros, como estos primeros discípulos, también tendremos la tentación de decir: “yo no puedo más, yo llegó hasta aquí, que sigan otros…” Hoy Jesús, en su transfiguración, como a aquellos desalentados y desconcertados discípulos, nos dice: “Levántense. No teman”. “No se queden a mitad del camino, no se detengan, sigamos juntos hasta el final, sé que están cansados, pero no se dejen ganar de la desconfianza y la desesperanza”. Cuaresma 2026, tiempo para salir del camino del miedo que nos asalta como evangelizadores y discípulos de Jesucristo hoy, y entrar en el camino de la Esperanza. ¡No seamos cristianos en modo “congelado”! Si es verdad que hay tiempos difíciles en nuestra vida, recordemos que Alguien nos ha dicho que no es para siempre…
3. No olvidar que nuestra vida como la cuaresma tiene una meta. Esta experiencia de la transfiguración nos recuerda que tenemos una meta, que la vida cristiana es la peregrinación a un destino final, con una estación final, y esta meta es la Vida Eterna, es la Resurrección. ¿Por qué no empezar a saborearla? ¿De verdad nuestro estilo de vida da razón de que hemos sido creados para la Vida Eterna? Considero que es legítimo que nos hagamos seriamente estas y otras preguntas para confirmar nuestra vocación… Y, es que, a veces, tenemos la tendencia a creer que las “pequeñas plenitudes” creadas por nosotros, lo son todo. Que esta cuaresma nos sirva para robustecer nuestra vocación a gozar con Dios de su gloria, porque no puede haber otro objetivo mayor en la vida, todo lo demás es secundario. Que esta cuaresma 2026 nos permita estar atentos, para seguir viendo en medio de nuestra sociedad los “destellos de la gloria de Dios”, los anticipos de la plenitud del Reino de Dios. Dejémosle a Jesucristo la tarea de seguirnos educando para percibir con mayor sensibilidad las manifestaciones cotidianas de su divinidad, como lo decía el Papa Francisco: “Te vas a poder volver a encontrar con el Señor en el futuro porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas”.
4. Nosotros también estamos llamados a ser una síntesis entre lo divino y lo humano. El relato de la Transfiguración, nos habla de una “teofanía”, es decir, de una manifestación de Dios en la persona de Jesús, que “se transformó” delante de sus discípulos, su “apariencia cambió”. ¿Dónde está la divinidad de Jesús?: en su humanidad. Cada vez que Jesús pasaba por la vida de los demás haciendo el bien, manifestaba su bondad, su capacidad de compadecerse del sufrimiento “asumiendo la carne del otro”. Podría decir que lo glorioso de Jesús, de acuerdo con el testimonio de los evangelistas, está en que Él es el Amor encarnado del Padre, y está siempre amando… Él siempre vivió “transfigurado”, no fue solo un evento puntual y extraordinario, porque vivió todo el tiempo, en su vida terrena, de acuerdo con las coordenadas que Dios le dio. Él Siempre mostraba a Dios.
5. Preguntarnos: ¿qué está desfigurando la obra que Dios empezó un día en nosotros? Posiblemente, y debemos hacernos responsables de esta realidad, muchos, en medio del contexto histórico en el que nos ha correspondido ser discípulos y apóstoles de Jesucristo, le están o le estamos creyendo más al mundo, y en vez de ascender en humanidad bajamos la calidad. Las distintas ideologías que permean nuestra sociedad y que ponen en evidencia la crisis antropológica de la que somos testigos, nos dicen que algo no anda bien… Los que hoy hemos sido testigos y “beneficiarios” de los “adelantos” de la gloria del Hijo de Dios, no tenemos excusas para no estar a otro nivel en su seguimiento y en calidad humana, es decir, para no ser de los que cuidan el “modelo original” – porque “Dios nos vio y manifestó que le quedamos muy buenos” -, y estamos convencidos de que es lo mejor que nos ha podido pasar… Que los que entren en contacto con nosotros, después de esta cuaresma 2026, puedan decir: “¡quedaron tan parecidos a Dios!
Jesucristo, tiene un deseo irrefrenable de llevarnos de viaje a su corazón. ¡Ánimo…!
P. Victor William Acevedo Velázquez CM
