Reflexión I Domingo de Cuaresma

Domingo 22 de Febrero de 2026

Queridos Hermanos y hermanas;

El texto del Evangelio que nos presenta la liturgia para este primer domingo de cuaresma es el relato de “las tentaciones de Jesús en el desierto”, tomado del Evangelista san Mateo.

Nos cuenta Mateo que, después de que Jesús fue Bautizado por Juan, el Espíritu descendió sobre Él, y ese mismo Espíritu lo llevó al desierto para ser tentado. El desierto en la Biblia, en diversas ocasiones aparece como el lugar de la prueba. Afirma José Antonio Pagola que “en el desierto se puede escuchar la voz de Dios, pero sentir también las fuerzas oscuras que nos alejan de Él”.

El relato establece un paralelismo entre Jesús y el pueblo de Israel. El texto rememora, por ejemplo, los 40 días con sus 40 noches en que Moisés estuvo en el monte Sinaí y los 40 años que duró la travesía del pueblo de Israel por el desierto para llegar a la tierra prometida. A lo largo de este recorrido el pueblo fue puesto a prueba y muchas veces sucumbió ante la misma, tanto es así que deseo no haber salido de Egipto y añoraba la comida que allí le daban (Ex 16, 3); Jesús a diferencia del pueblo, al revivir algunas de esas pruebas, sale victorioso, ya que su abandono a la voluntad del Padre es total.

Son tres las veces en que el demonio tienta a Jesús y en las tres veces Jesús responde con textos bíblicos, los tres son extraídos del libro del Deuteronomio. Con ello quizás Jesús, a través del Evangelista, nos recuerda que tanto la oración, el ayuno (comprendido no solo como ausencia de alimentos, sino también como compartir el pan con el hambriento, etc. Is 58, 5-12), como el uso correcto de la Ppalabra de Dios son fundamentales a la hora de luchar contra el maligno.   

El Tentador suele aprovechar esos momentos críticos de la vida para intentar hacernos sucumbir. Sucede con Jesús, cuando está cansado, tiene sed, hambre, se acerca y le pide que demuestre que es Hijo de Dios haciendo que las piedras se conviertan en pan. Quiere una prueba de su Filiación Divina, pues no hacía mucho, en el Bautismo, el Padre había hablado afirmando que “ese era su Hijo Amado”. “No solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Dt 8, 3), es la respuesta de Jesús. De esta respuesta podemos ilustrar lo siguiente: Jesús anticipa su desacuerdo con los signos extraordinarios. De hecho, hay un momento en que los fariseos le piden un signo a Jesús, y Jesús rechaza la petición y toma distancia (Mc 8, 11.12). Cada acontecimiento de la vida por más sencillo que sea es ya signo de la presencia del Hijo de Dios en nuestras vidas; necesitamos hambre, sí, pero de justicia social, que permita proyectos sostenibles a favor de los más miserables, de quienes necesitan, pero todo este compromiso surge de un encuentro con Dios y su Palabra. Figuras como san Vicente de Paul y el Beato Federico Ozanam se sintieron impulsados a dar respuestas a las dificultades de los vulnerables gracias a su encuentro con Jesús; el texto evoca también la confianza plena del pueblo de Israel en Dios que los alimentaba todos los días en el desierto. Puede ser que nuestra confianza se incline más hacia lo material y no en Dios que es eterno y no caduca.

El Tentador sabe de la gran confianza que Jesús tiene en Dios y por eso lo reta a que se lance de la parte mal alta del templo de Jerusalén. Hace uso del salmo 91, 11-12. Llama la atención que cita la Palabra de Dios, sabe de ella, pero pretende que sea manipulada para beneficio propio.  La respuesta de Jesús “no tentaras al Señor tu Dios” (Dt 6, 16) es una invitación a no pedirle pruebas a Dios, a tener fe en sus promesas. Esta tentación se seguirá repitiendo a lo largo de su ministerio en la figura de los fariseos. De hecho, los sumos sacerdotes y los ancianos en el momento de la pasión, le dicen a Jesús, “si eres de verdad Hijo de Dios, desciende de la Cruz”.  Quizás con esto podríamos sacar como conclusión que es verdad que siempre seremos tentados y quizás aparecerá esa tentación de querer pedir intervenciones extraordinarias de Jesús para poder creer firmemente en Él.

Y por último al ofrecerle todos los reinos desde la parte más alta de la montaña, Jesús con su respuesta “Al señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Dt 6, 16), previene la idolatría, que fue la principal tentación del pueblo de Israel, el cual, ante la ausencia de Moisés, se fabricó un becerro de oro y lo adoraron.  Y no solamente eso, en aquel entonces los emperadores, los faraones, se arrogaban el título de dioses y se daban el permiso de ejercer especie de dictaduras, de maltratar, y de abusar del poder. El poder se convierte en idolatría cuando no es interpretado como un servicio; hoy por hoy se habla de luchas de poder, o está la tentación de hacer carreara con el fin de poder ejercer dominio sobre otros. Jesús, en esto, nos alecciona de muchas formas cuando afirma por ejemplo, “no he venido a ser servido sino a servir”, “el que sea mas grande se haga el servidor de todos”.

Jesús antes de presentarse al pueblo se retira a la soledad del desierto para tomar decisiones importantes y definitivas.   Jesús tiene ante sus ojos el mundo, en donde tiene la misión de encarnar el Reino que traerá la paz, mayor misericordia e interés por los otros, pero sabe que eso no se fabrica desde el poder, desde el dominio sobre los demás. Quien busca el poder y la gloria utilizando el nombre de Jesús, no adoran al único y verdadero Dios, se inclinan ante el demonio. El Reino de Dios no se impone con poder sino con amor; el poder mundano es una oferta diabólica. Cada vez que lleguen esas tentaciones hay que gritar “¡vete Satanás!”.  

Que la Virgen, en la Advocación de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nos bendiga y ayude en esta lucha contra las tentaciones. ¡Feliz Domingo! y ¡feliz semana para todos!

P. Yamil Abel Velázquez Velázquez C.M.