Reflexión Solemnidad del Bautismo del Señor
Domingo 11 de Enero de 2026
Adentrémonos en la reflexión y en la vivencia del hecho que hoy celebramos, con tres puntos: una introducción; una interpretación de los textos siguiendo la trilogía literaria propia del tiempo litúrgico del Adviento y la Navidad que hoy se cierra; una proyección personal y pastoral.
Introducción
- Celebramos una segunda Epifanía, luego de la manifestación universal con los Magos de Oriente: la relación entre los dos hechos es evidente enel carácter luminoso y universalista del anuncio: “Luz de las naciones”; en la predicación apostólica: “Dios no hace acepción de personas… sea de la nación que sea»; en la ciudadanía teológica de los pobres: para dar la vista a «los ojos de los ciegos», y la liberación a «los cautivos de la cárcel, y de la prisión de los que habitan en tinieblas».
- Los textos están articulados con una centralidad de tres niveles:
- La Justicia, en el sentido del cumplimiento de la voluntad de Dios: se menciona cuatro veces en el canto de Isaías, como manifestación de la profecía; una vez en los Hechos, como práctica de la fe; otra en el evangelio, como cumplimiento de las Escrituras.
- La Palabra de Dios, con un dinamismo ecológico e histórico en el salmo (28): «La voz del Señor sobre las aguas, la voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica»; como núcleo del discurso de Pedro: «Envió su palabra…, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo»; y en el bautismo: «Vino una voz de los cielos», para confirmar la filiación divina del Hijo y la complacencia del Padre.
- El Mesías, en el Siervo de Dios de la primera lectura; en el «ungido que pasó haciendo el bien», de la segunda; en el «Hijo amado», bautizado por Juan en el Jordán, del evangelio; con una implícita referencia trinitaria, sobre todo en Lucas: “Jesús de Nazaret, con la fuerza del Espíritu Santo, porque Dios estaba con Él”, y en Mateo “El Espíritu de Dios bajaba sobre Él… Éste es mi Hijo amado…”
Interpretación
- Promesa (primera lectura: Is 42, 1- 4.8-7): del Siervo de Yahvé, en clave personal y mesiánica, sin que se descarte la comunitaria del pueblo de Dios y, luego, de la Iglesia, tal como lo hace repetidas veces el Nuevo Testamento (Mt 8, 17; Hch 8, 32-33; Rm 15, 21); se fundamenta en la vocación divina, la unción del espíritu, su relación con la justicia, su condición de humildad y mansedumbre, su misión universal.
- Cumplimiento (evangelio: Mt 3, 13-17): en el acontecimiento histórico del bautismo de Jesús, que «vino», «se presentó», se acercó; y que, ‘bautizándose con los pecadores en el Jordán, carga sobre sus hombros solidarios todo el peso del pecado y del sufrimiento humano’ (BNP); solidario con los pecadores, no con el pecado; en total sintonía con la promesa: para salvación de la humanidad y complacencia del Padre.
- Realización (segunda lectura: Hch 10, 34-38): en el inicio de la predicación a los gentiles, Pedro en casa del centurión Cornelio, como delimitación en el tiempo de los acontecimientos de los que los apóstoles deben dar testimonio: desde el bautismo del Señor hasta su ascensión, proponiendo los elementos esenciales del kerigma: Jesús es el Siervo, que pasó haciendo el bien y liberando a “los oprimidos por el diablo”.
Proyección
En la vivencia de nuestro propio bautismo, como:
- Sacramento de la fe: respuesta al plan de Dios, abierta a la conversión y al amor universal.
- Incorporación a la comunidad eclesial: en la que vivimos como hermanos porque todos somos hijos de Dios.
- Vivencia pascual de la relación con Cristo: en el que morimos al pecado para vivir en la resurrección y la libertad en la obediencia y la pertenencia.
- Regeneración del hombre nuevo: por medio de la identificación discipular con el Maestro para anunciarlo, como Él, con la entrega de la vida, para ganarla.
P. Gabriel Naranjo Salazar CM.
