Reflexión 2° Domingo de Navidad

EPIFANIA DEL SEÑOR

Mateo 2, 1-12.

Domingo 26 de Enero de 2026

Hermanos, cuando pensamos en la Epifanía, muchas veces nos vienen a la mente coronas, colores, camellos y estrellas brillantes. Pero si quitamos lo decorativo, nos queda algo mucho más cercano a nuestra vida: unos hombres que no tenían todas las respuestas, pero que se atrevieron a buscar.

Los Magos no eran reyes; eran buscadores. Gente valiente, inquieta, que no se conformaba con vivir en «automático». Y ahí es donde esta fiesta nos toca de frente: la fe verdadera no nace de tenerlo todo claro, sino de tener una pregunta que no nos deja en paz.

Los Magos comienzan su camino no porque lo entiendan todo, sino porque algo los mueve por dentro: una inquietud, una necesidad, una pequeña luz. Así comienza todo camino serio en la vida: cuando algo dentro te dice que no puedes seguir igual. Ellos no tienen certezas, tienen una estrella. Y una estrella no da detalles: solo marca la dirección.

Dios suele trabajar así: no da mapas, da señales; no lo muestra todo, muestra lo suficiente para dar el primer paso. Y cuando uno da ese paso, aparece el siguiente. La fe se vive así: caminando, no instalándose.

En su búsqueda, los Magos se encuentran con Herodes. Y aquí está la parte incómoda del relato: todo camino auténtico tendrá siempre un Herodes.

Herodes representa ese miedo que nos frena, esa comodidad que nos adormece, ese orgullo que nos justifica; esas voces que nos dicen: “no cambies”, “no busques”, “así estás bien”. Pero ellos no se quedan ahí. No alimentan el miedo ni negocian con la mediocridad espiritual. Continúan.

Llegan a Belén y lo que encuentran es todo lo contrario a lo que imaginaron. No hay palacios, ni grandeza, ni espectáculo. Hay un niño pobre, una familia sencilla, un Dios sin adornos. Ahí aparece el mensaje central de la Epifanía: Dios se revela en lo pequeño, en lo concreto, en lo real. No está en lo que impresiona, sino en lo que transforma.

Los Magos ofrecen tres dones que son, en realidad, una entrega de vida:

  • El oro: Lo más valioso, aquello que más nos cuesta entregar.
  • El incienso: Lo que eleva la vida cuando somos coherentes.
  • La mirra: Nuestro dolor, nuestras heridas y nuestras pérdidas.

Los Magos no entregan cosas; se entregan ellos mismos. Esa es la adoración verdadera: poner la vida delante de Dios sin maquillaje.

Tres Movimientos para Nuestra Vida

se deja encontrar, pero solo por quien tiene el coraje de buscarlo. Por eso, el camino de los Magos nos propone tres movimientos:

  1. Atreverse a salir: La fe empieza cuando uno acepta que no puede quedarse en el mismo sitio interior. No esperes a tenerlo todo claro: da el primer paso. Permite que Dios te saque de la repetición y de la inercia.
  2. Discernir frente a Herodes: Todo buscador enfrentará falsos caminos y voces que confunden. Necesitamos identificar las voces que quieren apagar la fe y elegir con claridad qué luz vamos a seguir.

Inclinarse ante lo pequeño: Adorar en lo pequeño es la clave del Evangelio. Es ver a Dios en lo cotidiano y en lo frágil; dejarnos tocar por Él donde menos lo esperamos y entregar lo que somos sin condiciones.

P. Yeison Sarrazola García C.